Traducido al español por Virginia A la bien amada Eres mi palacio, mi crepúsculo y mi otoño mi manto de brocato y mi jardín de lirios Mi cazoleta de oro y mi blanca colonia Mi estanque de rosas y de iris Tu eres mis perfumes de ámbar y miel mi palma Mis hojas, mis cantos de cigarras en el aire, Mi nieve que sucumbe, altiva y calma Y mis algas y mis paisajes de mar. Y tu eres mi reloj de monótono tañido Mi isla fresca y mi reconfortante oasis Eres mi palacio, mi crepúsculo y mi otoño Y mi manto de brocato y mi jardín de lirios La ofrenda Para probar que más que a mí misma la amo, le ofreceré mis ojos a la mujer que quiero. Le diré en tono tierno, risueño y humilde: amada mía he aquí, la ofrenda de mis ojos. Te entregaré mis ojos que tantas cosas vieron. Tantos crepúsculos, tanto mar, tantas rosas. Estos ojos, míos, se posaron antaño En el altar terrible de la antigua Eleusis, sobre las piadosas y paganas bellezas de Sevilla, En la interminable Arabia y en sus mil caravanas. Vi Granada, vana prisionera de sus grandezas Muertas entre cantares y perfumes muy densos. Venecia que empalidece cual Dogaresa feneciendo Y Florencia que la maestra de Dante fuera. he visto La Hélade donde llora un eco de siringa Y Egipto replegado frente a la gran Esfinge. He visto cerca de las olas sordas que sosiega la noche tupidos vergeles, orgullo en Mitilene. He visto islas de oro en templos perfumados, Y ese Yeddo lleno de frágiles voces de japonesas. Al sino de los climas, las corrientes, las zonas he visto la misma China y sus rostros dorados. He visto islas de oro donde el aire se vuelve más dulce Y estanques sagrados en los templos hindúes, Templos donde persisten el pensamiento inútil Te regalo, mi dueña, todo lo que he visto! Y regreso trayéndote cielos grises o alegres, A ti que te amo tanto, he aquí la ofrenda de mis ojos. La caricia Los árboles se han guardado algunos rayos entre sus ramas Velados como una mujer, evocando otros tiempos El crepúsculo pasa llorando. Mis dedos saltan, Temblando, provocativos, sobre la línea de tus caderas Mis dedos ingeniosos se demoran en las convulsiones De tu carne bajo el vestido, las dulzuras de tu pétalo... El arte de tocar, complejo y curioso, iguala Los soporíferos perfumes, el milagro de los sonidos Delineo lentamente el gracioso contorno de tus caderas, Tus hombros, tu cuello, tus insatisfechos pechos Mi delicado deseo se rehúsa a besar Brota y se esfuma en tus blancas voluptuosidades Rosas abiertas Mi morena de ojos dorados, cuerpo de marfil, y ámbar Has dejado brillantes reflejos en mi habitación Por sobre el jardín el claro cielo de medianoche, bajo mis párpados Aún brilla...estoy ebria de tantas rosas Mas rojas que el vino. Abandonando su jardín las rosas me han seguido... Bebo su breve respiración, respiro sus vidas. Todas ellas están ahí. Es un milagro...las estrellas han crecido Precipitadamente a través de las anchas ventas Por las cuales el revuelto oro se cuela Ahora entre las rosas y las estrellas Tu aquí en mi habitación, desabrochando tu vestido, Mientras tu desnudez palpita Tu mirada insondable descansa en mis ojos... Sin estrellas y sin flores, sueño lo imposible En la fría noche. Canción Como olvidar el pliegue ligero De tus bellos muslos serenos La piel ebúrnea donde breve Un espasmo vuelve azul las venas? Nunca has sentido ese momento Ebria de esas vanas angustias, Mi alma caminar apasionada Entre tus queridos labios ocultos? Y nunca más en la vida reencontrar El idéntico éxtasis salvaje Olvidarte, revivir, y soñar Como yo he soñado sobre tu boca ? La carne de las cosas Poseo entre mis dedos sutiles el sentido del mundo pues mi tacto al igual que el sonido, penetra. La armonía, el ensueño, el dolor profundo estremecen largamente la yema de mis dedos. Comprendo mejor las cosas bellas si las acaricio, comparto sus vidas intensas en tanto las toco Es entonces que yo sé que es lo que ellas poseen Nobleza, dulzura afinidad del canto. Puesto que mis dedos han distinguido la carne de la arcilla La lisa carne de mármol los contornos femeninos Que la mano que sabe modelar ha maltratado Aquella de perla, aquella de terciopelo Conocieron la vida íntima de las pieles, Vellón cálido y soberbio donde hundo mis manos! Han conocido el ardiente secreto de las cabelleras Donde se deshojan millares de jazmines- Y semejantes a aquellas que regresan de los viajes, mis dedos han cruzado infinitos horizontes, Ellos han alumbrado, mejor que mis ojos los rostros Y me han profetizado las oscuras traiciones. Ellos han conocido la piel sutil de la mujer, Y sus crueles temblores, y sus perfumes ocultos... Carne de las cosas! He creído a veces abrazar un alma Con la prolongada caricia de mis dedos... Canción La noche vierte medias tintas Y favorece las uniones de las verónicas, los jacintos los iris y los ciclámenes Encantadoras mis gravedades magulladas por tus besos ligeros y frescos Tu mezclas en mis ensueños el roce ligero de tus dedos. Lucidez El arte delicado del vicio ocupa tus placeres Y tu sabes despertar el calor de los deseos a los que tu cuerpo pérfido y flexible se oculta El aroma del lecho se mezcla con los perfumes de tu vestido Tu claro encanto se parece al simpleza de la miel Tu no amas más que lo falso y lo artificial La música de las palabras y los murmullos débiles. Tu beso se desvía y escurre sobre tus labios. Tus ojos son inviernos pálidamente estrellados Los duelos siguen tus pasos en desfile melancólico Tu gesto es un reflejo, tu palabra una sombra. Tu cuerpo ablandado bajo besos sin nombre. Y tu alma marchitada, tu cuerpo usado. Lánguido y lascivo, tu astuto roce obsesiona. Descansa todo en mis manos, sobre mi corazón, sobre la belleza leal del abrazo Te conduces como lo deseamos, debajo de tu dulzura fingida Sentimos arrastrarse al reptil atento Al fondo de la sombra, ella un mar sin arrecife, Las tumbas son aún menos impuras que tu cama Oh mujer! Yo lo sé bien, pero tengo sed de tu boca. Desnudez La sombra arrojaba sobre ti efluvios de congoja El silencio se tornó turbador y amoroso Escuché un susurro de pétalos frotados Lirio entre lirios, blanco, se me mostró tu cuerpo. Sentí de pronto indignos mis toscos labios Mi alma cumplió un sueño perturbado de posar sobre tu encanto donde la luz se remoloneaba, el tembloroso soplo de algún místico beso. Desdeñando el universo que el deseo encadena guardaste helada tu sonrisa inmortal: la belleza persiste extraña y sobrehumana Y demanda la distancia brillante del altar. En torno a ti, esparcidos, sollozaban los nardos tus senos se erguían, orgullosos de su pureza. ardía en mi mirada el doloroso éxtasis Que nos abraza en los umbrales de la divinidad. Pequeño poema erótico Y yo lamento, y busco tu dulce beso Que mujer sabría deleitarme y apaciguarme? cual traería antiguas voluptuosidades Sobre los labios sin maquillaje y semejantes? Yo sé que tu mentías, tu risa sonaba cruel Pero tu beso fue lento, estrecho y delicioso Se retardaba, y ese beso alcanzaba el alma, Porque tu eras a la ve la serpiente y la mujer. Pero recuerda la forma en que te amaba... Yo, acaso no soy nada para tu carne? Si jamás Tañes mi nombre en el instante de mi defensa Recuerda ese grito seguido de un gran silencio- Ya no sé amar los bellos cantos ni las lirios Y mi casa me parece una gran mausoleo Yo que quisiera cantar, permanezco muda Deseo y busco y sobretodo lamento. Canción De tu vestido de largos pliegues flotantes Fluyen todas las fantasías Y tu me regalas la primavera Con tus manos claras y ligeras Tengo miedo de ese estremecimiento nacarado de tus frágiles senos, yo no toco más que temblando tu cuerpo sagrado tengo miedo del encanto de tu boca. Me siento crecer como un dios Cuando, bajo mi orgulloso abrazo El dulce azul dañado de tus ojos Se desvanece, frescura apagada. Pero cuando tan blanca entre mis brazos A mi grito de amor que desfallece Tu sonríes y no respondes, Tus ojos cerrados me hielan el alma... Tengo miedo- es el remordimiento espectral Que el éxtasis no sabría acallar- De hacerlo podría dañarte Con una caricia involuntaria. Tu forma es un relámpago Tu forma es un relámpago que deja los brazos vacíos Tu sonrisa es un instante que no se puede apresar... Tu huyes ante el llamado de mis labios ávidos Te imploro, oh mi Deseo! Más fría que la esperanza, tu caricia es cruel Pasa como un perfume y muere como un reflejo. Ah! el eterna apetito, la sed eterna El eterno lamento! Tu rozas sin abrazo, igual que una quimera Hacia la que siempre tienden los votos inquietas... Nada vale este tormento, ni este éxtasis amargo De tus raros besos! Soneto femenino Tu voz tiene la languidez de las liras lesbianas La ansiedad de los cantos y las odas sáficas Y tu sabes el secreto de músicas abrumadoras O llora el suspiro de uniones antiguas. Los aedas fervientes y los músicos Te enseñaron la profundidad de las estrofas eróticas Y la gravedad de los sucintos dísticos Antes contemplaste las desnudeces paganas. Tu pareces escuchar el eco de las armonías muertas; azules de este azul de infinitas claridades tus ojos tienen el reflejo del cielo de Mitilene. Las flores han perfumado tus extrañas manos vacías; De tu cuerpo sube como un ligero aliento La blanca voluptuosidad de las vírgenes enamoradas. Atthis Vuelvo una vez mas a buscar la ilusión de las cosas antiguas, con el fin de gemir en secreto y enterrar nuestro amor bajos las rosas blancas del pesar Ya que recuerdo las divinas esperas, De la sombra y las antiguas noches febriles... Entre los suspiros y las lágrimas ardientes, Yo te amaba, Atthis! Yo amaba tus cabellos tramados de claros de luna, Tu cuerpo ondulante que se oculta y huye, Tus ojos que el resplandor de la aurora, importuna, Azules como la noche. Yo amaba el beso de tus labios amargos, Yo amaba tu beso de maravillosos venenos, Otrora! Yo amaba tus injustas cóleras Y tus traiciones. Atthis, hoy tu empalideces, y yo paso Como un exiliado sin deseos de retorno, Tu menos sonriente, y yo, el alma más cansada, Más lejos del amor. He aquí que esta exhalación sube, con la llama Y el impulso de los cantos, y el hálito de los lirios, El sollozo íntimo del alma de mi alma: Yo te amaba, Atthis. Para una En el futuro gris como una aurora dudosa Alguien, yo lo creo, se acordará de nosotras Viendo arder sobre el ámbar de la llanura El otoño de los ojos rojizos. Un ser entre los seres de la tierra Oh mi voluptuosidad! Ese recuerdo de nosotras Una mujer poseedora del misterio en su frente Violenta y dulce. Ella amará la bruma ligera que se esfuma y los olivares tan bellos como el mar La flor de la nieve y la flor de la espuma, La noche y el invierno Entristeciendo con las despedidas las riberas y los pastores Bajo la gravedad de una mirada oscurecida Conocerá el amor sagrado de las vírgenes, Atthis, mi turbación. After glow Prosigo mi camino hacia el puerto desconocido Las mujeres del Deseo hirieron mi desnudo corazón En la perversidad de su inquietud Ellas han ultrajado mi calma soledad Ellas no han respetado ni la orden ni la ley Que yo observaba con un estricto pavor Obedeciendo al grito de sus ácidos arrebatos Ellas arrancaron mis tejidos más claros. Y observando que orgullosa permanecía yo de pié Rasgaron mis vestidos de luto. Entrelazando para mi los lirios del valle Las Mujeres de la Dulzura me consolaron finalmente Ellas me devolvieron el fervor y la esperanza Con sus ropajes, parecidos a la noche Siento morir en mi la tristeza y el odio, Escuchando sus voces arrulladoras y lejanas. Viendo cernirse sobre mi el azul de días mejores, Yo las seguiré, iré tras sus voces a otras partes. Puesto que esas mujeres son la redención de otras, Que días dorados y que noches divinas serán las nuestras!... Poema de amor Oh tu que sabiamente lanzas hermosas miradas, Bellas como la medianoche a través de la ventana Te vi sobre la carretera por donde erraba al azar Entre los perfumes, el tiempo y las risas campestres El sol alumbraba tus cabellos con un largo rayo Tus pupilas lanzaban sobre mis su doble llama Tu te me apareciste, oh ninfa! Y yo consideré Tu rostro de virgen y tus caderas de mujer Te vi sobre la carretera por donde erraba al azar Entre los perfumes, el tiempo y las risas campestres Oh tu que sabiamente lanzas hermosas miradas, Bellas como la medianoche a través de la ventana Los cardos Tu no serás jamás la febril cautiva Que encadena que aprisiona el lecho Tu no serás jamás la compañera lasciva Donde la carne se consume y la frente empalidece Guarda tu blanco perfume que desdeña el fasto Tu no conocerás jamás los indolentes abandonos Los sollozos compartidos que hacen el alma más grande La duda y la ardiente debilidad de los perdones Y por eso es que te amo, oh casta mía Recogeremos esta noche los cardos místicos La noche es nuestra Es hora de despertar, abre tus párpados A lo lejos la luciérnaga aguza sus luces Y el asfódelo pálido lanza suspiros de amor Llega la noche, de prisa mi extraña compañera Que la luna ya verdeó el azul de la montaña Ya que la noche es nuestra como para otros el día Yo no entiendo, en medio de los bosques taciturnos Y la flor de acónito en las blancas y frías colinas Exhala sus perfumes y venenos íntimos Un árbol atravesado por el suspiro de los abismos Tiende sobre nosotras sus ramas arqueadas como dedos El azul nocturno pasa y se expande... A esta hora la alegría es más ardiente y la angustia es mayor el recuerdo es bellos como un palacio destruido... Fuegos fatuos correrán a lo largo de nuestras vértebras, ya que el alma resucita en lo profundo de la oscuridad, y nos volvemos iguales a la noche. |
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